martes, 4 de mayo de 2010

Y todo se transforma

Y bueno, con mi vida, yo por lo menos seguí. O tuve que hacerlo, ya que no me facilitaban opciones. Quise escaparme de mi casa oficialmente, cuando tenía 8 años. No tenía ni la más pálida idea de lo que era salir sola de una casa, mantenerme, trabajar, cuando apenas sabía leer y sumar. Pero nunca lo hice realidad. Siempre fue más un sueño que algo decidido por hacer.

Muy probablemente sin esperanzas, iba al colegio y lo que menos quería era hacer amigos. Me sentía ¿superior? (no sé si será esa la palabra) al no tener amigos imaginarios o no hablarle a las muñecas. No soportaba la idea de permanecer tanto tiempo en un lugar con tantos niños, cuando yo misma era una de ellos. Quizás será por ciertas cosas que tuve que pasar que me hisieron perder ciertas cosas de la niñez.

De chica siempre tenía miedo. A todo. Cuando mi papá todavía vivía en mi casa, siempre tuve miedo de que mi mamá nos abandonara, y nos dejara con él. Lo tenía como una gran persona, quizás hasta como un ejemplo a seguir, pero lo último que quería, es que a cargo mío y de mi hermana, estuviera él. Y mucho menos después de aquel suceso que marcó un antes y un después en mi familia.


*Disculpen por no subir más seguido, realmente no ando con muchos tiempos.